Una mujer de 117 años sorprende al mundo revelando la clave de la longevidad


La clave de la longevidad


Solemos entender la soltería como un fracaso sentimental y, por ende, un desastre vital. Esto, aunque suene duro, es así: nuestra sociedad castiga a las personas que están solteras. Una prueba de ello lo encontramos en que no existen productos comerciales dedicados a las personas que deciden caminar por la senda de la soltería.

Sí que encontramos cientos de ofertas de viajes de ensueño para dos, cenas gourmets para dos, regalos ideales para la pareja, etc. Sin embargo aún estoy por ver un producto que haga apología de la soltería.
Porque ser soltero es, muchas veces, una decisión. Es decir que, por descabellado que parezca a muchas personas, NO para todo el mundo la meta es tener pareja. De hecho la soltería induce a un estado de plenitud y de libertad igualmente sano y deseable.

Vivir sin esperar, vivir en soltería



No tenemos la obligación de estar disponibles para una relación de pareja y, según Emma Morano, tener esto claro es la clave de su longevidad. Esta mujer es ya la persona conocida con más años del mundo, pues suma nada más y nada menos que 117 años.
Cuando el New York Times le preguntó sobre su secreto, ella contestó algo que los dejó a todos atónitos: la clave de mi longevidad ha sido mantenerme soltera. Tras la ruptura de un matrimonio infeliz en 1938, Emma Morano decidió que no quería ser dominada por nadie y que, realmente, todo lo que necesitaba lo tenía en sí misma.

Esta mujer planteó su vida como realmente quiso y no se ató a lo que la sociedad esperaba de ella como mujer adulta.
No obstante, tal y como afirman los gerontólogos, no hay una clave que garantice la longevidad. De hecho, si hablas con 100 centenarios te encuentras con 100 historias diferentes. Así, el hecho de vivir más o menos años viene determinado en gran parte por el factor genético.

El elixir de la eterna juventud: no lamentarse por envejecer y vivir como deseamos



La felicidad y el bienestar emocional debe nacer de uno mismo y de las decisiones que tomamos en relación a nuestra vida afectiva. Cuando uno decide ser soltero decide además ser valiente y tolerante, pues se encontrará en el camino con diversidad de opiniones o de creencias.
Como hemos comentado, la sociedad castiga la soltería y reduce ciertas posibilidades. Por ejemplo es más complicado que te concedan un crédito en un banco si no estás casado. Ejemplos como estos abundan y se convierten en dagas invisibles que nos envían un mensaje claro: “estar soltero no es bueno”.
Entonces la soltería para de ser un estado o una decisión personal a convertirse en un asunto social que nos etiqueta y nos señala. “Algo no está bien en ti”, “debes conseguir pareja”, “no me extraña que nadie te quiera”.

Estas “sutiles” dagas pueden llegar a herirnos y, con ello, hacernos desear tener una pareja a la que realmente no queremos o vivir nuestra vida de un modo que no deseamos. De alguna manera la cultura social que intenta “tentar a los solteros” a que consigan pareja y alcancen una vida plena.

Pero no, la soltería debería ser siempre una opción personal que lleve de la mano otras opciones que nos permitan explorar un mundo nuevo y diferente al que creemos pautado. Lo ideal es que todos fuésemos libres de decir qué nos ancla a la vida y qué deseamos hacer sin atender a la presión social que te dice que estar soltero no está bien. Hay gente que, como Emma, decide ser feliz en su soltería y no buscar ni esperar que alguien le rescate de ese estado. Decidir estar soltero no es sinónimo de insano sino de libertad y de autonomía para encaminar la propia vida afectiva como se desee.
La Mente

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